jueves, 16 de marzo de 2017

El Regreso del Petirrojo


¿Sabéis de ese tipo de personas que siempre van cámara en mano, ya sea del móvil o de una réflex? Bueno, pues definitivamente, esa no soy yo.

Siempre fui y me temo que siempre seré... (aunque hago poco a poco avances), la mujer de las cavernas.

Por eso fui la "hippie" que aún no tenía móvil cuando todo el mundo ya tenía y después pasé a ser la "rarita" que iba con un ladrillo, mientras todo el mundo tenía un móvil de última generación. Así que cuando voy a algún lado, siempre acabo dejándome el móvil o pasando olímpicamente de la cámara.


Y no creáis que no me arrepiento de esto en muchas ocasiones, pues a veces veo cosas preciosas y me sabe mal no inmortalizarlas. Encima el Sr. Luno es un poco como yo en estas cosas; y así nos vimos una vez, perdidos en mitad de la montaña y sin manera de comunicarnos con nadie. Ese día fue una pesadilla, pero eso ya es otra historia…

Esto no significa que no nos gusten, a él le encantan los juegos de pc y a mí los blogs, las redes sociales… aunque no las tengo enlazadas al móvil, así que si quiero escribir me tomo un tiempo relajadamente sentadita en el ordenador.

Por eso en ocasiones si ando liada, me desaparezco un poquito. Pero es la manera de no saturarme, pues las tecnologías aunque me gustan, siempre me agotan un poco.

Pero un sábado bien temprano, al despertar, le dije al Sr. Luno que necesitaba ir a por unas ramitas para hacer un trabajo. Él ese día estaba un poco cansado y fue difícil de convencer, así que se me ocurrió que podríamos ir a la montañita que tenemos más cerca de nuestra pequeña y gris ciudad.

Vivimos en una ciudad cerca de Barcelona bastante bien comunicada, pero sosa, gris y desangelada.

Cuando por fin logré que se levantara de la cama, me acordé que podría llevarme a la mini excursión unos amiguitos nuevos…


Los conocimos días antes, en una hermosa juguetería del centro de Barcelona.

Joguines L'ou

Así que por esta ocasión, me llevaría la cámara. 


Cuando llegamos allí, las hojas de pino dibujaban el cielo…


Y había muchísimas ramas por el suelo, así que pude hacer buen acopio para manualidades y entretenerme haciendo fotos.



La mariposa discreta…


y mis amiguitos cobraron vida…


Paradita para desayunar... 



-¡Cariño! Gírate, despacito…

Y entonces lo vi.

¡Un… un petirrojo! ¡Dios mío un petirrojo de verdad!

Era regordete y saltarín… no paraba de dar saltitos cerca de nosotros.

Se me escaparon las lágrimas.

-Cariño… cariño… tú sabes lo que significa…

-Si mi amor, ya lo sé... anda saca la cámara despacito, que no se asuste.

Hice las fotos con el zoom para no asustarlo, la lástima es que no funciona demasiado bien. 
Las amigas que me estéis leyendo y me conozcáis de hace tiempo, sabréis lo que significan para mí los petirrojos, por eso hace unos años creé para este blog una colección llamada “Secret Garden” inspirada en mi amada novela “El jardín secreto”, que tenía como absoluto protagonista al petirrojo.

Ese amiguito que le indicó el paradero de la llave, a Mary Lennox… una llave que abría el jardín que se convirtió en refugio y esperanza de la niña. Toda una metáfora de la vida.

Y al rato, cuando no podía más de la emoción, apareció otro más esbelto y escurridizo.


La vida es así.

De todos los paisajes bellos de los que he disfrutado; los campos de Jaén en la casita del pueblo, los bosques de Gerona en la casita familiar del Sr. Luno, las excursiones de mi trabajo con los nenes. Las casitas de mis amigos en la sierra de Madrid o en Teruel… 

De todos aquellos lugares de los que no hice fotografías, pero los tengo grabados en el corazón… En este lugar, en el menos agraciado de todos. Me encuentro por primera vez en persona con mi querido amigo, el petirrojo.

Y lo que nunca me hubiera perdonado, es no haber tenido la cámara en ese momento en la mano.


Necesitaba tener constancia de su regreso.

Pues enseguida supe que era una señal.


En una de las ocasiones en las que me fui, la más larga de mis ausencias, fue porque me enteré de algo que me dejó el corazón roto en mil pedazos. Entonces la desilusión, lo envolvió todo.

Pero ahí estaba mi viejo amigo, el pequeño petirrojo. Esta vez manifestándose de forma real.

Él había regresado.

Y ya era tiempo de que regresara,

Yo también.


lunes, 6 de marzo de 2017

Un ratito en la India

Quería enseñaros algo que hicimos mi madre y yo hace mucho, para mi rincón favorito de casa.

Compré unas telas y mi madre me ayudó a coser esos sofacitos en forma de "L", que podéis ver en la foto, después coloqué varios cojines que ya tenia y se convirtió en un pequeño "chill out", inspirado en la India que tanto me gusta...


Al otro lado había un gran Buda tallado en madera y digo "había" por que ahora está colocado en otro lugar, hace unos años tomé la decisión de quitar mi amado chill out para meternos en obras en el mini pisito.

Como no dispongo de demasiado espacio, ese rinconcito ha acabado siendo un tallercito donde guardar mis materiales de manualidades, costura y demás cositas.

Pero guardo en mis recuerdos como un tesoro, los ratitos de meditación, charlas y risas (y los porrazos de mis amigos a mi viejo yembé >__<) mientras tomábamos el té, ahí sentaditos.

Mi viaje soñado siempre fue ir a la India, pues desde niña me pareció el lugar más mágico de la tierra y por unos años, entraba a mi pequeño chill out y allí sentada pintando mándalas o escuchando música, me imaginaba rodeada de majestuosos elefantes mientras un aire cálido con aroma a especias me acariciaba la cara, así podía pasarme las horas, adentrada en mis fantasías.

En aquellos ratos nació La fuerza de Narayani que unos años después, me atreví a publicar en el blog y en el canal de youtube:


Un día os hablaré de Ganesha y Sarasvati (Ganesh & Saraswati) mis dos dioses hindúes favoritos.

Sarasvati es la diosa que protege las Artes y Ganesha además de apartar los obstáculos del camino de la vida, protege e inspira a los Escritores :)

Pronto os traeré por aquí los tesoros de la India que guardo desde hace años.

¡Hasta el próximo día!






lunes, 20 de febrero de 2017

Tata Yogui

Ya le dije que era un recipiente de Ikea muy barato y que lo había decorado tan solo con unas flores artificiales… pero nada, erre que erre que quería uno igual para su casita.

Así que lo busqué, para ella. El mío es de hace muchos años, blanco y tiene un pequeño desperfecto (mi gatita Sally, lo tiró al suelo). 

Tuve suerte pues en todos estos años, no lo han dejado de fabricar y aunque ahora es de un color blanco más tirando a hueso, conseguí prácticamente uno igual. Después busqué también las mismas flores artificiales, pero me parecía tan soso que pensé en añadirle algo especial...

Y es que a mi hermana, a la más mayor de las tres, el yoga le cambió la vida.

La jovencita pelirroja de pecosas mejillas, que escribía preciosos poemas románticos y pintaba a cada rato, se esfumó cuando entró en la universidad. La medicina requería muchas horas de concentración y estudio. 

La presión de ser el orgullo de la familia, el estrés del gasto económico que los libros y otras cosas, estaban suponiendo; el mal humor en aumento (por culpa de esto último) del Sr. Scrooge, que hacía muy complicado encontrar un espacio donde poder estudiar en silencio...

Todo eso provocó que aquella jovencita desapareciera. 

En su lugar apareció un gran chubasquero amarillo y grande, donde todo resbalaba y ya nada le tocaba. 

En aquella época en la que todavía yo era una niña, mi hermana se convirtió en una desconocida.

Hasta ese momento había sido como una segunda madre, pues se había ocupado muchas veces de mí como tal y por eso mismo, no existía la complicidad que sí tenía con mi hermana mediana, pues era quien a veces nos regañaba o se chivaba de nosotras, si hacíamos algo mal.



Pero recuerdo cuando estudiaba en la habitación que compartíamos las tres, cuando aún estaba en el instituto. Lo hacía por la noche para aprovechar el silencio. Mi hermana mediana que siempre tuvo un sueño profundo, dormía a pierna suelta en la cama de encima de mí, en la litera.

Entonces en ocasiones la luz del flexo me despertaba, pues no había demasiado espacio y la mesa estaba en el centro de la habitación, muy cerca de mí.

Ella que se daba cuenta, dejaba el libro sobre la mesa y se levantaba. Se acercaba y me arropaba mejor y si aun así no me dormía, enfocaba con él el trozo de pared que había tras de mí y haciendo sombras con sus manos, me contaba un cuento. Eso nunca fallaba, mi madre me tenía mal acostumbrada con ese asunto.

Las sombras de sus manos en aquella pared y sus susurros, me acunaban hasta dormirme.

Después volvía a su silla a seguir estudiando bien alerta, para apagar aquel flexo inmediatamente si escuchaba algún ruido, pues el Sr. Scrooge tampoco quería que gastásemos luz por la noche. 

Por eso cuando se convirtió en aquel chubasquero, yo lo entendí como una manera de ser egoísta. Se había vuelto tan distante… ¿es que ya no me quería?

Comenzó a estudiar fuera, cada vez estaba menos en casa y un día se marchó.

Y al poco tiempo, mi otra hermana también. 

Ahora valoro y entiendo el porqué de aquello. Ella tenía que mirar por su bien y su futuro. Y admiro todos los esfuerzos que tuvo que hacer, aunque por suerte siempre contó con la complicidad y ayuda de mi madre.

Hace unos años descubrió el Yoga. Al principio como una forma de relajarse, pero poco a poco comenzó a permitir que la sensibilidad y el amor, volvieran a ella. De nuevo sus ojos comenzaron a mirar sin prejuicios, sin impermeabilidad… y de nuevo comenzó a buscarse en los ojos de los demás.

Volvió a escribir, a pintar, a soñar…

Recuperó su esencia.

Y es que quizás ahí radique la verdadera naturaleza de nuestra fuerza.

En que lo tuvimos todo predispuesto para acabar siendo rocas... 

y sin embargo, escogimos seguir siendo mariposas.