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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Joyero de Época o de Sirena



Para el día de la madre del año pasado compré dos collares, uno para mi madre y otro para la madre del Sr. Luno. Pero siempre que regalo algo comprado me gusta acompañarlo de otra cosa hecha a mano, pues siento que así no solo regalas algo material sino que también regalas el tiempo que has dedicado a hacerlo y el cariño que has puesto en él.

Así que a partir de unas cajas de madera medianas, hice estos joyeritos.


Lijé las cajas, les añadí unas patas que en realidad eran cuentas de una pulsera y decoré los laterales con abalorios brillantes y lentejuelas para darle textura.


Después las pinté de color menta y pasé un pincel un poco seco con pintura dorada, por todas las esquinas y resortes, para darles un acabado como de lujo desgastado.


Por último, les di una fina capa de barniz mate y decoré las tapaderas con conchas de mar, perlas de bisutería y puntilla.

Al principio la idea era hacer como un pequeño Joyero de Sirena, con toda la tapadera decorada de conchas y no iba a poner puntilla; ni rosas de resina, ni perlas de bisutería. Pero las conchas con las que contaba eran un poco grandes y descompensaba tanto el peso, que el joyero se volcaba, así que decidí convertirlo en un Joyerito de Época añadiendo la puntilla y las demás cositas.

La idea del Joyero de Sirena me encanta, así que la aplazaré para otro proyecto cuando consiga conchas y caracolas, un poco más pequeñas.

Por dentro forré con fieltro en color azul.



Veréis que son muy sencillitos de hacer, en esos días tuve cambios de horario en el trabajo y estuve un poco estresada, pero aprovechando las noches por suerte los pude acabar a tiempo.  





*Quería comentaros (como le dije a una de mis amigas) ¡Qué ya soy moderna!! Jajajaja  

Por fin me creé un Instagram :D bueno, en verdad me creé dos… pero uno de ellos solo lo usé para subir una foto de prueba, pues la verdad es que soy muy pez para esas cosas y tenía miedo de fastidiarla en la “oficial”. Algunas de vosotras ya me habéis visto por allí, pero quería deciros también que aunque en un principio solo me iba a quedar con una cuenta dedicada a los cuentos, después estuve pensando que podría usar la de prueba para compartir mis manualidades y otras cosas que quizás no peguen mucho en la otra. Pero es algo que aún estoy sopesando… ya os diré si finalmente la uso también.

Por ahora os dejo en la que sí estoy activa:
@cuentos_lua_seomun

Como no me gusta llevar las redes sociales en el móvil, me bajé un programa para poder usar Instagram en el ordenador, la verdad es que funciona mejor de lo que me esperaba, pero tiene el inconveniente de que no llegan los mensajes directos o privados. Por eso si alguien quiere escribirme un privado siempre puede hacerlo por email: infoluaseomun@gmail.com

Me encantaría veros por allí  :)

¡Hasta el próximo día amiguit@s!


domingo, 15 de enero de 2017

La Sirenita de Martín

Erase una vez una sirena que vino de muy lejos... nada menos, que de seis años atrás... 

Perdón por la mala calidad, de todas las fotografías. En aquella época, manejaba aún peor que ahora la cámara y para colmo, acababa de descubrir el "picmonkey" y no paraba de añadir brillos, efectos, pegatinas... jajaja 

En 2010 publiqué en youtube y en el blog mi cuento "Hay una sirena en mi pecera" y en 2011, pensé en añadir una nueva colección de cositas hechas a mano, inspiradas en mis propios cuentos.

Esta colección se llamaría "Cuentitis":

He aquí mi "churro-cómic" jajaja en él se pueden ver: La sirenita de Martín, El Hada Maribel y Ronualdo, el principe Sapo (un cuento que aún no subí a youtube ni a este blog, pero que tiene más años que el hilo negro). 
Esto se quedó un poco en el tintero, pero en Junio de ese mismo año me dio tiempo de hacer el primero...


*La Sirenita de Martín* (el primer cuentitis).


Estas fotografías menos mal que las tenía subidas al Flickr desde aquel 2011, por que no las encontraba por ningún lado... 

Encima tuve un percance con una memoria externa y he perdido algunas cosillas. 

Queda pendiente terminar y traer por aquí a Ronualdo, el principe sapo y a el Hada Maribel, que los tengo a medias desde hace milenios. 


Me gusta ir subiendo todas las cosas que he hecho, aunque a veces tardo demasiado y me veo en la situación de ir subiendo cosas que se que ahora haría de otra forma, pues en estos años y ausencias, he aprendido a coser a maquina, bordar y poquito a poco he ido mejorando en otras cosillas, que tenía atragantadas. 

Sigo siendo aprendiz de muchas cosas pero en realidad es algo que no me molesta, al contrario, me anima mucho. Me divierte ir experimentando cosas, aprender de los errores y no encasillarme. 


Hace poco estuve revisando mis cuentos y me topé con una especie de formula, que de forma inconsciente me di cuenta que seguía. Algo así como una mezcla, que se produce en mi interior:

50 % Experiencia Real (Algo que necesito expresar, vivencias propias o cercanas, recuerdos) + 40% Imaginación (a veces ayudada por sueños) + 10% Influencias Artísticas (de lecturas, ilustradores...).

O en el caso del "Hombre del Mercedes Rojo" o del relato "El Collar Azul", solo me limité a recordar y narrar, algo que había vivido de verdad. 

Esto no era ningún secreto, pues creo que las personas que me conocen reconocen algunas experiencias que he contado alguna vez, en ellos.



Así es como un día de aquellos en los que sentí la necesidad profunda de ayudar a un buen amigo que había perdido su trabajo, encontré está ilustración...


Mi amigo, tres años menor que yo, se sentía perdido y entonces esta ilustración de Penny Parker apareció mientras miraba imágenes hermosas en Internet. 

Quizá no era la más espectacular de todas las que había visto, pero fue la que me hizo "CLIN" y comenzó la magia... 

Pequeño, sencillo, inexperto...


Pero con toda la fuerza de quien de corazón, quiere consolar a otra persona.

Ser soporte de alguien cuando lo necesita, es bueno para la salud. 
Pues agranda el corazón.







domingo, 8 de agosto de 2010

Hay una sirena en mi pecera



Martín llegó a su casa, con la camisa por fuera y la corbata desatada, cerró la puerta y colgó la chaqueta que llevaba en el brazo, mientras las palabras: "Lo sentimos, esta usted despedido" retumbaban aun en su cabeza.

Arrastrando los pies y cabizbajo, se acercó al sofá donde se dejo caer, se quitó los zapatos y se quedó ahí, pensativo, mirando al techo.

Cuando habían transcurrido cuatro horas, notó la garganta seca y se dispuso a coger una cerveza fría de la nevera, cuando al pasar por su pecera... advirtió algo, que se movía veloz.

-¿Como?- exclamó, mientras se acercaba despacio a la pecera y sus ojos se iban agrandando según se aproximaba a ella.

-Pe... ¿pero que es esto?- se comentó a si mismo, mientras tenia ante sus narices a una pequeñísima sirena, de melena larga y ojos diminutamente verdes.

La pequeña sirena, al advertir su presencia, se detuvo y llevándose las manos a la boca, dio un pequeño respingo asustada y se fue rápidamente a esconder, dentro de una concha morada, que decoraba discreta, la pecera de Martín.

El muchacho no lo podía creer... se tocó la frente y pensó que había sido un día muy duro y que quizá era mejor irse a dormir, antes de acabar perdiendo la cabeza.

A la mañana siguiente, aun con los ojos pegados, se dirigió a la pecera a dar de comer a sus peces como cada día. Abrió el pequeño botecito blanco, cogió una pizca con los dedos y lo espolvoreó dentro de la pecera, se incorporó y dio media vuelta, cuando de repente...

Recordó la extraña visión del día anterior, se volvió a girar hacia la pecera con los ojos bien abiertos y... ¡ahí estaba la diminuta sirena! mirándolo desde el otro lado del cristal, con el cejo fruncido y sacudiéndose del pelo, muy molesta, los trocitos de comida que Martín acababa de espolvorear.

-¡Dios mio eres real!- dijo acercando su cara al cristal.

Entonces la sirena se sentó de espaldas a él con los brazos cruzados.

-¡No pequeñita! No te enfades, perdón, no quise llenarte de eso, lo siento mucho- dijo mientras golpeaba con un dedito, el cristal de la pecera.

La Sirena, al escuchar los golpecitos, se giró despacio aun con los brazos cruzados y la carita medio enfadada, pero al ver los ojitos apenados de Martín, se acercó ondeando su cola y le mostró una sonrisa amplia y simpática.

-Eres preciosa...- le susurró con una cálida sonrisa, mientras acariciaba su pelo a través del cristal.

Los días pasaron y Martín comenzó a buscar trabajo, cada día llegaba agotado y triste, pero al llegar a casa, allí estaba su pequeña amiga, siempre con una sonrisa saludándole desde la pecera.

Él se sentaba a su lado y le explicaba sus temores, sus sueños, sus anécdotas... pese a no estar muy seguro si ella alcanzaba a oírle o a entenderle. Al anochecer, el joven limpiaba y preparaba pescado de diferentes formas y sabores, el suyo salteado ligeramente en la sartén y el de ella crudo, cortado muy finito y sin espinas. El joven lo introducía despacito en la pecera y ella lo iba colocando en una cascara de almeja que usaba como plato.


Así transcurrieron los días, hasta que un día llegando Martín de su jornada diaria de buscar empleo, contempló perplejo que su amiguita, su dulce sirenita, estaba echada en su concha, encogida y con un semblante muy triste.

-¿Eh, chiquitita que ocurre?- le preguntó con mucha dulzura. La Sirenita lo miró e hizo una ligera mueca intentando sonreír.

-¡Oh no! ¿estas enferma? Dios mio y ahora que hago... ¿a quien puedo acudir?- El muchacho se puso muy nervioso y comenzó a deambular desesperadamente por la casa.

Después de caminar un buen rato, una idea alcanzó su mente -¡ya esta! Te voy a llevar al mar, seguramente ese sea tu hábitat natural y quizá allí te pongas bien, te soltaré despacito y si no te recuperas pensaremos otra cosa, pero no te voy a dejar así preciosa, te lo prometo.

Martín buscó una pequeña red, que usaba para sacar los peces cuando tenia que limpiar el acuario y la usó para coger a su querida amiga y depositarla dentro de un recipiente de cristal lleno de agua que cerró con un tapón grande, para evitar que se derramara durante el viaje.

Juntos emprendieron un viaje al norte de su país, en donde estaba el mar mas cercano, una vez allí alquiló un barco por unas horas a unos marineros y uno de ellos se ofreció a llevarlo mar adentro.

Una vez dentro del barco, Martín colocó de forma segura el recipiente que contenía a su amiga, encima de una toalla bien colocada y lo tapó con otra dejando oculta a la pequeña sirena.

-Espera un poco amiguita, que ya llegamos- se dijo para si mismo mientras observaba las maniobras del marinero para zarpar.

El barco se iba adentrando en aquellas aguas de azul intenso, mientras los reflejos dorados del sol, se reflejaban en los ojos de Martín, que se levantó y caminó poco a poco hasta apoyarse en una de las barandillas.

Contemplando la inmensidad que le rodeaba, allí de pie, agarrado y quieto, con los ojos cerrados inspirando intensamente los olores que le invadían, una fuerza inmensa expandió sus pulmones, aceleró su corazón y un enorme cosquilleo apareció en la planta de sus pies.

En ese instante, se sintió más vivo que en toda su vida, en ese instante, sintió lo más parecido a estar enamorado, en ese instante... supo que ese era su lugar y su destino, que había nacido para surcar los mares, para navegar. Alzó los brazos al aire y comenzó a gritar de felicidad.

-¡Oiga! ¿Se encuentra bien?- le preguntó algo desconcertado el marinero.

-¡Si señor! Estupendamente ¡mejor que en toda mi vida!- se dirigió de un salto al recipiente oculto entre las toallas, donde estaba escondida su amiguita.

Levantó la toalla y ahí estaba el recipiente, completamente cerrado, tal y como él lo había dejado, pero... no había ni rastro... de la pequeña Sirena.
Con este cuento quise continuar en la linea de "El Unicornio", un elemento fantástico que aparece en la vida de las personas cuando están pasando por un mal momento y desapareciendo después, dejando la incógnita.

La imagen que he elegido para protagonizar el vídeo es de la Ilustradora: "Penny Parker".


Espero que os haya gustado, estaba un poquito afónica, espero que no se notara mucho en la grabación.

¡Hasta pronto! :)