«Hogar es donde sea que esté contigo», dice el imán de la nevera, y nunca antes había tenido tanto sentido.
Volvemos de un viaje muy largo y doloroso, pero lo hacemos juntos, y no hay más hogar que acurrucada en los brazos de mi amor.
En este viaje hemos perdido muchas cosas… los zapatos, los sueños, los kilos, los nervios… Pero, desde luego, el que más ha perdido ha sido él, que de tanto corazón que ha tenido siempre, ha perdido un trocito. Eso sí, pequeñito. Como le canta su hermano, «ay, el corazón partío», con mucha guasa. Porque ya sé de sobra que ellos, con su sentido del humor un poco negro, eso también, llevan mejor las cosas.
Mira que nos lo temíamos, porque heredó una pequeña afección que también tuvo su padre.
Y yo… pues yo creía que se me iba la vida. Y, de pura solidaridad, el corazón se me volvió loco, entre ataquitos de ansiedad y que ya llevaba bregando con un problemilla desde hacía algunos años.
Desmayito va, desmayito viene… Pero no creáis que fue todo al mismo tiempo, no, no. Yo esperé muy educadamente mi turno y, cuando ya por fin recuperábamos un poco la tranquilidad, fue cuando comencé yo con el espectáculo.
De todas las cosas que hemos pasado juntos, esta ha sido la peor.
Yo solo hacía que preguntarme cuándo llegaría esa fuerza que nace de la adversidad, como bien dicen tantas personas. Pero a mí no me llegaba, y yo cada vez me sentía más angustiada y desesperada.
De verdad creí que se acababa. Ya lo había visto antes… Era como si toda la buena suerte que había estado teniendo desde que era adulta, y que yo creía con fe ciega que era alguna especie de compensación por algunas cosas desagradables de mi infancia, se hubiera acabado hacía ya algunos años y esto fuera la traca final.
Creí que ya nunca volvería a sonreír.
La vida me había sacado de la calle Piruleta número 50 y ya no tenía tan claro si sabría volver.
Aunque debe de haber algo de cierto en eso de hacerse más fuerte. Porque las prioridades cambian y, aunque no sé cuánto me durará este estado —ese en el que algunas cosas que antes me hacían sufrir ahora me importan un pimiento—, sí que me hace sentir un poco más fuerte.
Y aquí estamos.
Un poquito desportillados… pero, por fin, de vuelta.
✧ Esto lo escribí a finales de 2023, cuando ya había pasado todo y gozábamos de algo más de un año de tranquilidad. Pero en enero de 2025, de nuevo, tuvimos que estar pendientes del problema de corazón del Sr. Luno, y fue otra vez una época bastante oscura para mí. Y, como suele suceder, los problemas nunca vienen solos, así que empezaron a ocurrir circunstancias ajenas a nosotros que fueron complicando aún más las cosas.
Por suerte, este mayo todo se fue calmando, pero sé que es algo transitorio, pues nada se ha podido solucionar todavía. Aun así, decidí aprovechar cada momento que tenga para hacer mis cuentecitos y las cosas que me gustan, sin volver a esperar a que todo sea perfecto y sin sobresaltos, ya que me temo que mi vida va a ser así. Y creo que, por fin, lo he aceptado.
