«Hogar es donde sea que esté contigo», dice el imán de la nevera, y nunca antes había tenido tanto sentido.
Volvemos de un viaje muy largo y doloroso, pero lo hacemos juntos, y no hay más hogar que acurrucada en los brazos de mi amor.
En este viaje hemos perdido muchas cosas… los zapatos, los sueños, los kilos, los nervios… Pero, desde luego, el que más ha perdido ha sido él, que de tanto corazón que ha tenido siempre, ha perdido un trocito. Eso sí, pequeñito. Como le canta su hermano, «ay, el corazón partío», con mucha guasa. Porque ya sé de sobra que ellos, con su sentido del humor un poco negro, eso también, llevan mejor las cosas.
Mira que nos lo temíamos, porque heredó una pequeña afección que también tuvo su padre.
Y yo… pues yo creía que se me iba la vida. Y, de pura solidaridad, el corazón se me volvió loco, entre ataquitos de ansiedad y que ya llevaba bregando con un problemilla desde hacía algunos años.
Desmayito va, desmayito viene… Pero no creáis que fue todo al mismo tiempo, no, no. Yo esperé muy educadamente mi turno y, cuando ya por fin recuperábamos un poco la tranquilidad, fue cuando comencé yo con el espectáculo.
De todas las cosas que hemos pasado juntos, esta ha sido la peor.
Yo solo hacía que preguntarme cuándo llegaría esa fuerza que nace de la adversidad, como bien dicen tantas personas. Pero a mí no me llegaba, y yo cada vez me sentía más angustiada y desesperada.
De verdad creí que se acababa. Ya lo había visto antes… Era como si toda la buena suerte que había estado teniendo desde que era adulta, y que yo creía con fe ciega que era alguna especie de compensación por algunas cosas desagradables de mi infancia, se hubiera acabado hacía ya algunos años y esto fuera la traca final.
Creí que ya nunca volvería a sonreír.
La vida me había sacado de la calle Piruleta número 50 y ya no tenía tan claro si sabría volver.
Aunque debe de haber algo de cierto en eso de hacerse más fuerte. Porque las prioridades cambian y, aunque no sé cuánto me durará este estado —ese en el que algunas cosas que antes me hacían sufrir ahora me importan un pimiento—, sí que me hace sentir un poco más fuerte.
Y aquí estamos.
Un poquito desportillados… pero, por fin, de vuelta.
✧Esto lo escribí a finales de 2023 en mi instagram personal, cuando ya había pasado todo y gozábamos de algo más de un año de tranquilidad. Pero en enero de 2025, de nuevo, tuvimos que estar pendientes del problema de corazón del Sr. Luno, y fue otra vez una época bastante oscura para mí. Y, como suele suceder, los problemas nunca vienen solos, así que empezaron a ocurrir circunstancias ajenas a nosotros que fueron complicando aún más las cosas.
Por suerte, este mayo todo se fue calmando, pero sé que es algo transitorio, pues nada se ha podido solucionar todavía. Aun así, decidí aprovechar cada momento que tenga para hacer mis cuentecitos y las cosas que me gustan, sin volver a esperar a que todo sea perfecto y sin sobresaltos, ya que me temo que mi vida va a ser así. Y creo que, por fin, lo he aceptado.
Narayani es demasiado fuerte para ser una mujer, al menos así lo creen sus vecinos en la India; mientras que Luis, en Barcelona, lucha por aceptar que quizá su padre tenga razón y sea demasiado débil para ser un hombre.
Narayani llegó enferma a su pueblo o eso creyó ella, el corazón le palpitaba a gran velocidad y tenía sudor frío en la frente. Entró en su casa, soltó el gran saco dejándolo en el suelo y se fue hacia la cama a recostarse un poco. Su madre, al verla así, se asustó muchísimo. Narayani nunca enfermaba, ni siquiera en aquella epidemia que les sacudió años atrás...
—¿Hija mía, qué ocurre? ¿Dónde te duele?
—En el pecho, madre…
La madre acercó su mano al pecho de Narayani y observó que este le iba a gran velocidad.
—¿Hija, pero qué ha ocurrido? ¿Ha pasado algo en la ciudad?
Narayani entonces cerró los ojos y durante unos segundos vio la figura de Luis, allí en el suelo tendido. Al recordarlo, una nueva punzada apareció, esta vez, en la boca del estómago.
🪷🪷🪷
Luis llegó al hotel, se dio una ducha y se estiró después en la cama envuelto en su albornoz. Tenía que llamar por teléfono a sus padres y también a algunos de sus amigos. Habían pasado demasiados días desde la última vez que habló con ellos, pero lo cierto es que no estaba de ánimo. No podía quitarse de la cabeza el incidente del mercado. Hacía tiempo que no se encontraba con esa parte de él, con la parte que más le avergonzaba, con ese miedo irracional y esa debilidad que aparecía cuando menos lo esperaba.
—Dios mío... ¿Qué habrá pensado aquella chica? —dijo en voz alta, mientras hundía su cara en la almohada.
🪷🪷🪷
Al siguiente sábado, Narayani preparó las cosas para ir al mercado, se despidió de sus padres y, al salir, lo hizo también de los vecinos de la casa de al lado, que estaban en ese momento en la puerta.
La mañana estuvo tranquila. Los bolsos y los primeros vestidos que cosió su madre se iban vendiendo muy bien, así que decidió tomarse un pequeño descanso para comer algo. Alzó la vista y vio que en el puesto del frutero se exhibían unos deliciosos mangos y, siendo su fruta preferida, no se pudo resistir.
—Sunita... —le dijo a la muchacha que estaba en el puestecito de al lado vendiendo especias—. ¿Podrías vigilar mi puesto un momento?
—¡Claro! —le dijo la muchacha con una sonrisa.
Así que Narayani caminó hacia los mangos...
En casa, de pequeños, los compartían y, al acabarse, comenzaba la lucha por el hueso que era dulce y tenerlo en la boca dando vueltas ayudaba a despistar el hambre, al menos por un rato.
El puesto de fruta estaba regentado por Ranjit, un hombre algo tosco pero de gran corazón. El hombre siempre quedaba sorprendido al ver que aquella muchacha tan delgada se pudiera llegar a comer hasta siete mangos. Pues siempre compraba la misma cantidad y, sin embargo, volvía a casa sin ellos.
“Siete mangos nada menos”... pensaba Ranjit, mientras acababa de llenar la bolsa y se la ofrecía a la muchacha con una sonrisa que dejaba a la vista los escasos dientes que aún conservaba.
Narayani se alejó unos pasos y, metiendo rápidamente la mano en la bolsa, sacó uno de los jugosos mangos. No pudo esperar más para hincarle el diente. Así que abrió la boca lo más que pudo y, en ese momento, sus ojos también se abrieron como platos, pues delante de ella, a unos metros, estaba Luis, caminando con una cámara de fotos colgada del brazo. Se apartó el mango de la boca y, mientras masticaba con dificultad el gran trozo que había mordido, notó de nuevo ese dolor en el pecho que terminaba en el estómago.
Luis se detuvo a hablar con un hombre grande y corpulento, que tenía aspecto de ser un conductor de los que llevaban de ruta a los extranjeros. La cámara fotográfica que llevaba Luis no era como las que Narayani había visto hasta ahora, era más sofisticada y, en ese momento, sus ojos se detuvieron en los gestos que él realizaba mientras hablaba.
Contempló lo delicadas y finas que eran sus manos, y sus delgados y largos dedos pálidos. Un ardor desconocido para ella recorrió su cuerpo... y de nuevo se sintió enferma.
Luis caminaba hablando con aquel hombre y Narayani le seguía a unos metros de distancia. Pasó por delante de su puesto y Sunita la saludó creyendo que ya regresaba, pero ella, sin casi mirarla, le hizo un gesto con la mano y le susurró...
—Ya vengo, dame un momento.
Casi hipnotizada, continuó detrás de ellos escondiéndose entre las columnas para no ser vista.
Luis estrechó la mano de aquel hombre y después se separaron, seguramente habrían llegado a algún tipo de trato para que le llevara a algún destino. Luis se detuvo a mirar unos planos mientras su cámara seguía colgando del brazo, cuando dos muchachos de unos dieciséis o diecisiete años salieron corriendo no se sabe de dónde y estiraron de ella con fuerza.
Luis gritó:
—¡¡NOOO, LA CÁMARA NOO!!
Y la sujetó como pudo por la cinta, mientras los chicos estiraban con más fuerza hasta que lograron tirarle al suelo. Él intentaba seguir aferrado a la cámara...
—¡¡OS DOY DINERO!! ¡EL RELOJ! ¡LO QUE QUERÁIS! ¡PERO LA CÁMARA NOO! ¡POR FAVOR! ¡LA NECESITO!
Lo dijo en español, en inglés, en francés... pero los muchachos no atendían, solo chapurreaban entre ellos algún idioma que Luis desconocía y seguían estirando con violencia.
Luis estaba en el suelo polvoriento y forcejeaba sin éxito, cuando los muchachos estiraron con más brusquedad y le arrastraron unos pasos hacia adelante, haciendo que el brazo derecho derrapara por el suelo, rompiéndole la camisa blanca de algodón y causándole una quemadura que le hizo gritar de dolor.
—¡¡AAAhhh!! —gritó y Narayani, sin pensarlo dos veces, se acercó con paso decidido hacia los chicos. Sacó de la bolsa dos mangos y, lanzándolos con un golpe certero, le dio a uno en un ojo y al otro en la cabeza.
—¡Ah! ¡Aah! —esta vez gritaron ellos.
El más alto hizo un gesto como para ir hacia Narayani, entonces ella, sin dudar y sin temblar ni un ápice, sacó otros dos mangos de la bolsa y, con una voz firme y decidida, les dijo unas palabras que Luis no llegó a entender y, cuando levantó de nuevo el brazo armada con los mangos, los muchachos salieron corriendo dejando atrás a Luis, con su preciada cámara.
Entonces ella, aún exaltada y enfadada, se acercó a Luis para ayudarle a levantarse y sacó otro mango de la bolsa para ofrecérselo, pero Luis instintivamente se echó hacia atrás asustado.
Él ya había visto lo que era capaz esa mujer de hacer con unos mangos...
Narayani le miró a la cara y después miró el mango en su mano... y, sin poderlo remediar, soltó una gran y amplia carcajada, mostrando así sus hermosos y grandes dientes.
Luis la contempló atónito e inmediatamente analizó toda la situación, todo lo que había sucedido... y también comenzó a reír. Los dos rieron a carcajadas durante un buen rato. Lagrimeaban... Qué situación más surrealista y disparatada, pensó Luis. Él había quedado magullado, con la camisa rota, despeinado y todo lleno de polvo y tierra.
Luis paró de reír y la miró muy serio a los ojos.
—Gracias —le dijo.
Ella, con las mejillas rojas a punto de explotar y sin mediar palabra, sujetó la palma de la mano de Luis y le depositó de forma contundente un mango. Dio de forma brusca media vuelta y se alejó con paso firme y los brazos pegados al cuerpo.
Luis se quedó allí, inmóvil... mirando el mango.
CONTINUARÁ…
(Fin de la segunda parte)
La tercera y última parte la traeré pronto escrita al blog (pero ya la tenéis disponible en el canal de YouTube).
Al Sr. Fox le gusta romper la rutina de vez en cuando y salir de excursión con la familia.
Un día decidieron ir al Jardín Botánico de Barcelona...
Es un lugar muy bonito lleno de árboles, flores...
Pequeños caminos donde explorar...
Al pequeño de los Fox le interesa mucho la botánica, así que disfrutó observando y aprendiendo nombres de flores y plantas.
A la pequeña, sin embargo, le fascina más saber de insectos y por allí andaban unos cuantos.
Había muchas plantas diferentes...
Incluso unas que parecían hadas ^_^
El pequeño de la familia se alejó un poco de los demás y descubrió un sendero que le llevó a un rincón desconocido dentro del jardín. A lo lejos se veía una pequeña casita. ¿Allí quién vivirá?
¡Uy! ¿pero qué es esto?
También es una casita, pero diferente...
Rosas... algunas estaban ya marchitándose...
Y lavandas, las favoritas de la Sra. Fox...
Algunos rinconcitos eran muy frondosos...
El Sr. Fox se puso muy contento al ver una casita de pájaros; él adora los pájaros.
(Verlos, no comerlos... estos zorritos son vegetarianos :P).
Llegó la hora de despedirse del lugar...
¡Adiós, Jardín Botánico!
Ha sido muy bonito venir a verte.
Y una vez en casa...
Buenas noches, pequeña...
Buenas noches, pequeño...
Y los papás...
Todavía se quedaran despiertos, un poquito más... ;)
La Familia Fox es una familia Sylvanian; en este caso, la cajita es española y hace tiempo salieron del catálogo de los Sylvanian Families (son preciosos, no lo entiendo...). De vez en cuando van desapareciendo familias y sustituyen por otras, en ocasiones menos bonitas, a mi parecer. Quizá vuelvan... pero hay muchas más preciosas. A mí me encantan todas en general, me recuerdan a los personajes de la mítica serie de dibujos animados Aldea del Arce, la adoraba... y, a su vez, estos me recuerdan a los personajes de Beatrix Potter.
Sylvanian Families Original: Familia Zorros de Epoch
¡Hasta el próximo día, amiguit@s! ¡Gracias por venir a jugar un ratito conmigo! :)
Un mes después, en junio, los volví a hacer, pero esta vez con los colores del cómic (manga). Pues los anteriores habían sido con los colores de la serie de dibujos (anime). Y esta vez añadí un tercero: Diana. La gatita Diana es hija de Luna y Artemis.
El imperdible, tanto en los primeros que cosí como en estos, lo camuflé con un corazón del mismo color de los ojos.
✧Broche Gato Artemis:
(Os pido disculpas por la mala calidad de las fotografías, pero es que tienen muchos años...).
✧Broche Gata Diana:
Diana es la hija de Artemis y Luna. Al igual que los otros, respeta totalmente los colores del manga.
✧Broches Gatos Sailor Moon:
Subí las fotos a mi tienda en Etsy, que abrí por aquel entonces (aún la tengo, pero está fuera de servicio desde hace bastante tiempo).
Un día me contactó una chica australiana que quería el broche de Luna y se lo vendí. Casi un mes más tarde, me escribió a través de la mensajería de la tienda para avisarme de que le había llegado bien y que estaba encantada.
Tuvo el precioso detalle de enviarme una fotografía con él puesto :)
Sailor Moon es una serie mítica que estuvo descatalogada durante muchos años, por culpa de algunas desavenencias entre la creadora, Naoko Takeuchi, y la editorial japonesa dueña de sus derechos. Cuando el universo de Sailor Moon, que abarcaba cómics (mangas), serie de dibujos (anime) y merchandising (muñequitas, juguetes, figuras, cetros), cumplió los 20 años de su creación, se levantó el veto y ahora hay todo tipo de cosas disponibles de nuevo. Hasta hicieron una nueva serie de tres temporadas, más fiel al manga.
Y justo el día 3 de este mes estrenaron una película de dos partes en Netflix.
Aunque yo no puedo evitar sentir nostalgia por el de los años 90, que era menos fiel al manga original, pero mucho más disparatado y divertido. Aunque respetaron la parte romántica y seria de la trama, inspirada en el romance del mito griego de Endymion y Selene.
Pero para mí, lo más importante es que es una serie que marcó mi niñez y preadolescencia, por todos los hermosos recuerdos que me dejó...
Estaba de vacaciones en el pequeño pueblo de Andalucía donde nació mi madre. Esa mañana me reuní en la casa de veraneo de una de mis amigas de Madrid, junto con otra gran amiga que vivía en el pueblo. Ese día fue especial, pues normalmente mi abuela no me daba permiso para ir a casa de mis amigas; tenía que hacer bastantes recados para ella y hasta la tarde/noche no me tenía permitido salir. Pero mis amigas me convencieron para hacer la travesura de ir a escondidas entre recado y recado a desayunar juntas.
Justo ese día encendimos la televisión mientras las tres charlábamos de nuestras cosas entre risas y gritos y, de repente, nos quedamos calladas: era un capítulo de Sailor Moon. Su emisión en España, en Antena 3.
Nos enamoramos de ella perdidamente. Yo, que adoraba la Luna por encima de todas las cosas, había encontrado una serie que la tenía como protagonista y, además, trataba de amor, pero sobre todo de amistad, de amistad como la que yo había encontrado en esas dos niñas que no se parecían a nadie que hubiera conocido antes.
A partir de ese día comenzó una nueva tradición. Cada día me escabullía entre recado y recado para ir a casa de mi amiga y desayunábamos juntas las tres viendo un nuevo capítulo. Así hasta que un día mi abuela, extrañada de que tardase tanto, me pilló, jajaja.
Pero qué precioso fue mientras duró... Nunca, nunca, nunca lo voy a olvidar.
Hace unos cuantos años, cuando aún estaba todo descatalogado, mi amiga de Madrid vino con su pareja a pasar unos días a Barcelona y la llevé al Mercado de Sant Antoni (puestos de segunda mano, coleccionismo), y encontramos el último tomo del cómic. ¡No nos lo podíamos creer! Por fin sabríamos cómo acababa la historia.
(Siempre me han faltado dos tomos para acabar la colección del cómic de los 90. Los de blanco son los actuales que se reeditaron para el 20 aniversario).
Y un poco después, cuando todavía no se había levantado el veto, encontré en eBay, por la irrisoria cifra de 9 euros (ya que las muñecas originales de esa época estaban carísimas), la muñequita de los 90 de la protagonista.
Estaba en muy mal estado, pero le di un buen baño y le cambié su cuerpo rígido por uno articulado, aunque conservo como un tesoro el suyo original, con la inscripción en la espalda de 1993.
Por una vez, yo la rescaté a ella :)
Los que me conozcáis de la época de Luna de queso Handmade (hace más de doce años, como me recordó el otro día en Instagram mi querida @pitu.abu), seguro que la recordaréis. Os la presenté muy emocionada de haberla encontrado.
Sailor Moon consolidó el género «Magical Girl» y fue muy novedosa por la forma en la que se transformaban las protagonistas y porque mostraba personajes LGBTI+, entre ellos la pareja más querida: Haruka y Michiru. Dos mujeres, también guerreras, aunque en algunos países intentaron censurar esto. Pero, sobre todo, remarcaba el valor de la verdadera amistad y sororidad entre mujeres, aunque irremediablemente tenía algunos clichés machistas, marcados sobre todo por la sociedad japonesa de la época.
No me quiero extender más, pero hay muchas películas, series animadas, incluso un vestido en una película de Penélope Cruz que están inspirados en Sailor Moon. Un día ahondaré más en ello en el desván.
-Nombre completo: «Sally Patitas de Algodón Fru-frú».
-Cumpleaños: 26 de marzo.
-Aficiones: Morder piececitos, muñir barriguitas y echar mondonguillo.
Sally es una gatita muy dulce y traviesa. Vive conmigo desde hace ya doce años. La encontramos perdida y sola en la montaña, cuando tan solo tenía cuatro meses.
Debido a su naturaleza salvaje, es indomable y, sin embargo, es tierna y dulce, siempre que ella quiere, por supuesto.
Lo de más arriba lo escribí cuando Sally había cumplido doce años y es que, pese a compartir cosas de ella por aquí y por allá, nunca la había presentado «oficialmente». En aquel entonces lo publiqué en varios lugares, pero ¿os podéis creer que no me acordé de hacerlo aquí?
Así que hoy, que por fin tengo fuerzas para venir a contaros lo muy feliz que fui a su lado, os la presento oficialmente, porque aunque ya no esté físicamente siempre va a estar en mi vida de una forma u otra, porque no la voy a olvidar nunca.
Estuvimos juntas tres años más y tuvimos la suerte de que estuvo sana y muy feliz hasta los últimos cuatro días, que fue cuando le empezó a fallar el riñón. Ya tenía quince años y, aunque no se le notaban ni una pizca los años que tenía, en esos cuatro días envejeció de golpe.
Lloré tanto... tanto... que los ojos se me hincharon y acabé pareciendo literalmente un topo, solo se me veía una fina línea en lugar de ojos. Además, veníamos de pasar una muy mala época por haber perdido a un ser muy querido y esto lo sentí como el estoque final.
Después vino la pandemia y se llevó también a tres personas cercanas con las que no estaba tan unida, pero me dio miedo de que eso significara perder a alguien más y fue muy angustiante y difícil para mí.
Así pasaron dos años en los que desaparecí del blog. Un poco por todo lo anterior y porque venía arrastrando algunas preocupaciones, finalmente me acabó afectando a la salud y me quedé muy flojilla. Aún estoy mejorando eso, pero cada día estoy mejor.
Decidí retomar los blogs comenzando por el desván, ya que me daba cosilla entrar aquí y ver en el lateral que menciono que vivo con mi gatita Sally. El 16 de junio de este año hará dos años que se fue y aún me da cosita... Es que fueron 15 años cada día juntas. Si hacíamos un viaje y se podía, la llevábamos. Pasé más tiempo con ella que con nadie en toda mi vida, jajaja.
Cuando de más jovencita perdí a Bunny, mi perrita, que fue realmente mi mejor amiga, lloré también mucho y me sentí muy triste bastante tiempo, pero por lo que sea me recompuse antes. Nunca pensé que me afectaría tanto, tanto la pérdida de Sally. Pienso que quizás fue porque mi amada perrita siguió viviendo en casa de mis padres cuando yo me independicé con diecinueve años y la fui viendo un poco menos, o porque no la vi fallecer y no estuve en sus últimos días, no sé, la verdad... Pero ver a Sally tan pequeña y débil al final, el cómo desde la camita del hospital veterinario me llamaba a maullidos y no paraba hasta que la chica me dejaba entrar... Como yo estaba que no podía parar de llorar, el Sr. Luno entró en una de las veces y a él le bufó. Eso no se lo hacía a él jamás y el pobre, con una pena, me dijo:
—Cariño, creo que prefiere que entres tú.
La verdad es que a las veterinarias, moribunda y todo, también les bufaba. Es que menuda era mi Sally... jajaja. Al final entró el Sr. Luno conmigo y, ya ella más tranquila, se pudieron despedir.
Pude tocar su patita de algodón hasta el último momento y me alegro de que supiera que no estaba sola.
Los días posteriores seguía creyendo que la vería en alguna esquina de la casa o que por las mañanas aparecería de repente a morderme el pie para avisarme de que ya era hora de desayunar. Que me escondería su pececito Darwin en la zapatilla y luego yo me lo clavaría en el pie al ir a ponérmela, que me tiraría cosas al suelo mientras yo estuviera en otra habitación y luego, al aparecer, estaría ella muy quieta en su lugar de siempre sobre el respaldo del sofá, como si no se hubiera movido en ningún momento y con cara de «no sé por qué me miras así, porque yo no he hecho nada».
Sally que te veo...
Cuando jugábamos a algún juego de mesa nos robaba el dado, se subía de repente y ¡Zas! ¡Adiós, dado! ¡Y cómo se volvía de loca cuando jugábamos con las habitas del Awalé! Su patita aparecía de repente, con sus pupilas negras, redondas como platos, con una cara de obsesiva compulsiva, dando lo más rápido posible a todas las habas, intentando pescar alguna antes de que la regañásemos, jajajaja.
(Uy, me ha pillao...) pongo cara de inocente y aquí no ha pasado nada
En casa de mi suegra robaba billetes y los llevaba corriendo a meterlos por el agujero del sumidero del patio.
—¡Pero si hay un billete de 10 euros en el sumidero!
—¡Pues calla, que ayer encontré yo uno de 50 euros!
(Pie del Sr. Luno y la patita de Sally) el amor está en todas partes...
Cuando la llevábamos a Gerona a pasar el finde o algunas fiestas a la casita en la montaña que tiene la familia del Sr. Luno, desaparecía... Ay, cómo sufría yo las primeras veces... Sabía que estaba con las vacunas todas al día y que además estaba esterilizada, pero lo pasaba mal, la verdad, porque no asomaba la tía en todo el día...
—Mujer, ¿no ves que es una gatita de las montañas y en el fondo es salvaje? Es normal que se vaya, déjala que corra y se desfogue, luego seguro vuelve.
Y sí, siempre volvía...
Tuvo un idilio con Doraemon
Hasta que un día nos da por pasar por una casita que hay muy cerca, que hace años que no vive nadie... y la vemos por entre las rejas, ¡a la gachona echando la siesta sobre un balancín! :O
¿Qué estaría desfogándose, corriendo de aquí para allá? ¿Qué era una gatita salvaje y era normal que se fuera por ahí? ¡Si se quedaba en la casa de al lado durmiendo! Jajajaja. Es que después nos fuimos asomando otros días y, efectivamente, la señora se iba allí a dormitar y a pasar el día haciendo el vago allí sola, jajajajajaja.
Se cansaba pronto de los juguetes comprados, se lo pasaba mejor con pelotitas de plata, cajas y bolsas, hasta que conoció a Darwin... XD
Aunque de vez en cuando sí la veíamos corretear, incluso con otros gatos de la zona, y en una ocasión se puso a llover y no le daba la gana de entrar en casa, y eso que el agua no le hacía ni chispa de gracia. Pero por llevarnos la contraria...
El hospital veterinario que nos atendió se portó muy bien, mucha humanidad y comprensión, la verdad...
Nos llamaron unos días después para decirnos que ya podíamos ir a recoger sus cenizas y decidimos llevarla a la casita de la familia de Sr. Luno, en Gerona, donde tantos buenos ratos pasó. Compramos un limonero y lo plantamos encima de donde ella descansa.
Ahora llamamos al arbolito «Sally-limonero».
Nuestra pequeña familia de tres se había quedado sin un componente.
Pero allá donde esté, estaremos juntos, SIEMPRE.
Hice este dibujillo hace unos años para colocarlo en el cabecero de nuestra cama.
Gracias por leerme hasta aquí, perdonadme si me he alargado mucho...
¡Hasta el próximo día amiguit@s!
Adiós mi pequeñina...
⭐ Siempre fuiste y serás la protectora de nuestro hogar ❤️